Iglesiaactualidad

Homilía de Benedicto XVI en la Misa Vespertina de la Cena del Señor (01/04/2010)

Escrito por iglesiaactualidad 02-04-2010 en General. Comentarios (0)

 

Aquí texto completo de la homilía en español: formato pdf.

Vídeo de la celebración completa: formato wmv.

Vía Crucis en el Coliseo 2010

Escrito por iglesiaactualidad 01-04-2010 en General. Comentarios (0)

VÍA CRUCIS

EN EL COLISEO

PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE

BENEDICTO XVI

 

MEDITACIONES Y ORACIONES DE
Su Eminencia Reverendísima
Señor Cardenal
CAMILLO RUINI
Vicario General Emérito de Su Santidad
para la Diócesis de Roma

 

Aquí texto completo en español: formato pdf.

Homilía de Benedicto XVI en la Misa Crismal (01/04/2010)

Escrito por iglesiaactualidad 01-04-2010 en General. Comentarios (0)

Aquí texto completo de la homilía en español: formato pdf.

En el V aniversario de la muerte de Juan Pablo II

Escrito por iglesiaactualidad 31-03-2010 en General. Comentarios (0)

 

ImageEl próximo dos de abril, que este año celebramos como Viernes Santo, se cumplen cinco años de la muerte, o mejor, del paso a la vida eterna del Venerable Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II. Su muerte serena fue la última catequesis que nos impartió en sus casi 27 años de supremo pontificado, y ahora, bajo la guía de su sucesor, el Papa Benedicto XVI, celebramos este acontecimiento para continuar alimentando nuestra vida cristiana con sus enseñanzas.

 

Entre las gracias que Dios me ha dado en esta vida, y que valoro tanto, está el de haber servido, ayudado y acompañado a Juan Pablo II en los años de mi pequeño y humilde servicio en su Secretaría de Estado. ¡Cuántos buenos recuerdos, cuantos ejemplos! Al venir a mi memoria son fuente de inspiración y me interpelan a un servicio, mayor si cabe, a Dios y a la Iglesia. Recuerdo la última vez que le serví, prestándole mi voz –la suya era ya débil- para la lectura de un discurso en español la víspera de la publicación de mi nombramiento como obispo de Ibiza, el abrazo paterno que me dio y su última bendición en vida.

 

Cuando el 2 de abril, cuando casi eran las diez de la noche, el entonces Sustituto de la Secretaría de Estado, Mons. Leonardo Sandra, comunicó al pueblo que rezaba en la Plaza de San Pedro la noticia de su muerte, la multitud de fieles tuvo la sensación de haber perdido la presencia de una persona amada que nos amaba, y que, en cierto modo, formaba parte de la vida de cada uno. Como Pastor de la Iglesia, primero en Cracovia y después en el mundo entero como Sucesor del Apóstol Pedro, podía decir bien la expresión paulina: “he peleado hasta el final el buen combate, concluí mi carrera, conservé mi fe” (2Tim 4,7).

 

En aquellos días quedó grabada en la mente de muchos la imagen del Papa abrazado a la cruz en su capilla privada mientras en el Colosseo de Roma se celebraba el tradicional Via-Crucis del Viernes Santo. El Domingo de Pascua su garganta traspasada por la traqueteotomía no pudo pronunciar ninguna palabra y se limitó a bendecir a los miles de fieles presentes con el signo de la cruz. El miércoles siguiente, 30 de marzo, a la hora de la audiencia general, se asomó por última vez a la ventana para bendecir a los fieles: ¡su silencio en aquella ocasión es considerado como una de las catequesis más elocuentes de su pontificado! El jueves posterior aún celebró la Santa Misa en la capilla ayudado por sus dos leales secretarios; después, ya fue acostado en la cama con el tratamiento adecuado. El viernes, víspera de su muerte, se celebró la Santa Misa junto a la cabecera de su cama y aun pudo pronunciar con notable esfuerzo las palabras de la consagración; ayudado por una religiosa recitó la Liturgia de las Horas e hizo la adoración eucarística, tras lo cual pidió que le rezasen el Via-Crucis, como hacía todos los días. A diversas horas, presintiendo ya su fin, se fue despidiendo de sus inmediatos colaboradores y dándoles la bendición.

 

El sábado 2 de abril, de madrugada, se celebró de nuevo la Misa en su ha habitación, aunque respiraba con dificultad a pesar de que se la suministraba oxígeno. Por la tarde, se recitaron las Vísperas y el Santo Rosario; hacia las ocho de la noche, Mons., Stanislaw Dziwisz, hoy Cardenal Arzobispo de Cracovia, su secretario por casi cuarenta años, dispuso que se celebrara de nuevo la Misa y el Cardenal Jaworski le administró de nuevo la Unción de los Enfermos, mientras que al momento de la comunión Mons. Dziwisz puso en sus labios unas gotas del vino consagrado. Los presentes en la celebración prolongaron la acción de gracias hasta el momento en que Juan Pablo II dobló la cabeza ligeramente hacia el lado derecho y su rostro, hasta entonces expresión de un sufrimiento agudo, adquirió un semblante sereno. Eran las 21,37 de aquel día.

 

Me ha parecido oportuno recordar aquellos momentos en los que una muerte santa testifican una vida santa, como en el caso de tantos otros en la Iglesia: mártires, confesores, vírgenes, hombres y mujeres también enamorados de Cristo y deseosos de vivir para siempre con Él después de haberle seguido en esta tierra.

 

Hoy, cuando han pasado cinco años desde aquel histórico día, el mundo sigue teniendo ante sí muchos retos y desafíos, complicados por la crisis mundial que tiene en su origen una crisis de valores auténticos. Ante ello, recuerdo las palabras iluminadas y sabias del entonces Cardenal Decano Joseph Ratzinger: “Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la Casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos tu alma a la Madre de Dios, tu madre, que te ha guiado cada día, y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo”. Con la confianza en las brillantes palabras de quien semanas después sería el ilustre sucesor de Juan Pablo II al frente de la barca de Pedro, confiamos en la intercesión de aquel Papa que, venido desde lejos, desde la noble tierra polaca, vivió su entera existencia unido a Dios y protegido por la Virgen María, seguros de que continua intercediendo para que sus hijos, la humanidad entera continúe bajo el suave manto de la misericordia de Dios.

 

+Vicente Juan Segura,

Obispo de Ibiza

Palabras de Jesús Sanz Montes

Escrito por iglesiaactualidad 31-03-2010 en General. Comentarios (0)

En estas últimas semanas hemos asistido al conocimiento de casos bien lamentables, donde hermanos nuestros, sacerdotes y religiosos, han cometido unos de los pecados más deleznables: abusar de los más pequeños, de modo torpe y cobarde. Jesús en el Evangelio hablaba de que más le valdrían a los tales que les colgasen una rueda de molino al cuello y los tiraran al mar. Esto lo decía el manso y dulce Jesús, que cuando se trata de defender lo más indefenso, como son los niños, no usa de paños calientes. Que sobre quienes han cometido semejantes pecados den cuenta ante Dios y ante los tribunales lo que les corresponda. Pero dicho esto, con toda nuestra fuerza, hemos de decir que es otro exceso el presentar semejante pecado como si fuera un pecado del clero católico, vertiendo la sospecha de que cualquier cura o fraile puede ser presunto pederasta. Salpicar así el nombre de la Iglesia y el nombre de las inmensísima, abrumadoramente inmensa comunidad de sacerdotes católicos es algo que tiene una intencionalidad y bien lo saben quienes la orquestan.

 

Todo mi respeto hacia nuestros curas, que incluso tienen que sortear la sospecha y hasta el desprecio, por verse metidos en este cajón de desastre, de modo injusto y falso. La pederastia no es un pecado cristiano, ni un pecado de nuestro clero, aunque haya quienes bautizados como nosotros y sacerdotes igual que nosotros hayan cometido semejante y terrible improperio. Hace mucho más daño un árbol podrido que cayendo produce ruido y destrozo, que un entero bosque que nos da su frescor y su fruto creciendo en silencio. No vamos a mirar hacia otro lado ante estos árboles viciados e infectos, pero no nos cansaremos de seguir agradeciendo la bondad y salud del mejor bosque que sabe darse por entero.

 

+ Jesús Sanz Montes,

Arzobispo de Oviedo

Adm. Apos. de Huesca y de Jaca

 

(Tomado de la homilía de la Misa Crismal 2010)